Un
insólito encuentro tuvo lugar el pasado viernes en el marco del I Certamen de juglares urbanos de Colombia, realizado
en la Universidad Santiago de Cali. Las expectativas de los asistentes estaban
puestas en el inminente cruce de miradas entre el Cambray de la
universidad del Valle y el Cambray de la Universidad Santa Rita. Dos mundos
poéticos distintos, dos concepciones de ver la literatura. Dos maneras divergentes
de vivir de la poesía.
Cuando
a uno le hablan de Cambray o encuentra uno de sus poemas en el fondo de la
maleta, entre las migajas de pan y recibos y papeles disímiles que quedan de un
semestre entero de penas y glorias, recuerda sus insultos, sus rabietas o sus
saludos amables. Recuerda sus efímeros poemas, que aluden a la belleza femenina,
comparada siempre con la naturaleza. “Mujer,
largos silencios, la lluvia son tus ojos”. Versos así subliman el corazón
de las féminas, pocas dispuestas a acercarse al rapsoda porque le
tienen miedo. Algunas han escuchado la leyenda que cuenta de sus
persecuciones por la antigua cafetería de economía, despelucando primíparas a punta de insultos. O escuchan, con la espalda erizada, la historia del estudiante de
ingeniería que fue, ingenuo, a mostrarle una de sus composiciones, manufactura
de una noche de trasnocho mientras estudiaba para un parcial de Álgebra Lineal y
el poeta lo repelió con un grito
descomunal que lo hizo estallar en llanto. Al pensar en este Cambray uno siente
el corazón apretado porque cómo se descifra una mente así, llena de ira e
imágenes que parecen la viruta de una vida dura.
Por
su parte, con el Cambray de la universidad Santa Rita es otro cuento. Este Cambray tiene
contrato directo con la universidad. No pasa las penas del otro, a quien ni siquiera lo dejan entrar. El Cambray
Santarritiano tiene un stand que puede ubicar a su libre albedrío en cualquier
rincón del recinto Universitario. Está carnetizado y su gorrita de poeta es
parte de una dotación de jeans, camisas y
sandalias de cuero que le entrega la universidad para que realice su
labor a diario.

¿Pero
en dónde radica la diferencia entre estas dos máquinas de componer poesía? El
proyecto Cambray de la Universidad Santa
Rita ha sido un modelo empresarial, dinamizado por estudiantes de octavo semestre
de administración de empresas, en un proyecto piloto para determinar hasta qué
punto vivir de la caridad ajena,
canjeando literatura, puede llegar a ser rentable en un país donde el
trabajo informal es cada vez más un recurso desesperado. No sabemos si se ha
logrado, pero sí es seguro que El cambray de la universidad Santa Rita llega en un Renault
Sandero, muy temprano en la mañana. Sus poemas son eneasílabos y aluden a
motivos clasicistas, con variaciones de una admiración por la naturaleza del Valle
del Cauca, dotados de unas goticas de amarga ironía, que nos recuerdan las
gotas de José Asunción Silva. Otra cosa que podemos comprobar, es que este
Cambray es cuerdo y no es en definitiva un robot.
Un
encuentro de dos realidades distintas de la literatura. Sólo el destino dirá cuál de los dos Cambrays tendrá un espacio en
la eternidad. Un asiento en el parnaso de nuestra poesía. Eso sólo lo saben los
versos delirantes del uno y las figuras
literarias neo modernistas del otro. Lo único cierto es que el Cambray de la
Universidad del Valle es una leyenda viviente y el Cambray de la otra
universidad parece, a todas luces, un triste dibujo.
