viernes, 12 de octubre de 2012

REVUELTA DE OSOS CAUSA REVUELO INTERNACIONAL


Las autoridades están cada vez más preocupadas por el presunto resurgimiento de las FARC, quienes parecen haber infiltrado a los Ucumaris.


P
recisamente ahora que el país sueña con una paz venidera y duradera, aparece en el escenario otro actor, que podría convertirse en un nuevo archienemigo:   se trata de los osos de anteojos.  Por mucho tiempo relegados y marginados a una protección internacional, los Ucumaris, como se llaman en lengua originaria o quechua, parecen haber cedido a los envalentonamientos de los ya casi extintos grupos guerrilleros.  Los dos grupos han sido perseguidos y cazados por mucho tiempo y ahora parece que aúnan sus fuerzas para dar sus últimas patadas de ahogados.  Los guerrilleros porque perdieron la fe del pueblo y los Ucumaris porque el progreso los acorrala cada vez más. 

El martes pasado, un contingente de osos de anteojos antisociales ingresó en horas de la madrugada al campamento minero que hace poco abrió la Fango Golf Achante (empresa minera sudafricana) en el parque de los nevados, causando pérdidas por más de 800 millones de pesos.  Los osos, además, no contentos con los destrozos, ocuparon el campamento, y causaron la muerte de cinco oficiales del ejército y cuatro empleados.  Las autoridades  sanitarias acudieron con dardos tranquilizadores y lograron dispersar a los úrsidos, pero el proceso minero estará interrumpido al menos diez días.

El gobierno nacional y el congreso ya preparan un decreto para el reembolso de todo este dinero y la indemnización a las víctimas.  Según un portavoz del gobierno, que pidió el anonimato, este dinero saldrá de nuestros bolsillos, como es natural, para que la “multinacional no se vaya a otros país a explotar allá lo que aquí puede explotar tranquilamente”, y agradeció la paciencia de sus administradores.  “Para nosotros”, agregó el portavoz, “es una prioridad absoluta capturar tanto a los perpetradores como a los instigadores de estos actos terroristas.  No podemos dejar que estos osos bandidos le den mal ejemplo a las generaciones venideras”.

A pesar de estas declaraciones, muchos habitantes de El Congo, población adyacente a la mina y donde son la mayoría de los empleados, vive hoy una verdadera lucha.  Se han formado dos bandos que una noche sí otra no causan disturbios en el pequeño poblado, y se está volviendo uno de los lugares más violentos del país.

Todo comenzó al parecer el mes pasado, cuando el gobierno nacional ratificó la explotación de oro a cielo abierto en el parque de los nevados, cerca de la población de Congo.  Por ese entonces hubo enfrentamientos con civiles encapuchados y desencapuchados, quienes paralizaron el tránsito durante tres días, pidiendo que se frenara el proyecto, pero ni siquiera este diario los escuchó, sino que antes fueron dispersados razonablemente por las autoridades.  Los jefes violentos que instigaron el levantamiento contra el orden fueron neutralizados y los que no, puestos a disposición de la fiscalía.

Las autoridades informaron que se trataba de una disidencia guerrillera, y la opinión pública repudió los actos violentos.  El área fue para-militarizada, y las máquinas de excavación hicieron su arribo a la zona, custodiadas por varios batallones del Ejército Nacional.  Incluso hubo sobre vuelos del avión fantasma y helicópteros de la policía merodeando todas las noches.

Un ambiente de miedo se apoderó de la población.  Sin embargo, algunos congueños provocadores pusieron consignas en la entrada de sus casas: “no comemos oro, tomamos agua” era una de ellas.  Y es que la explotación de esta mina implica drenar varios manantes y contaminar con mercurio muchos otros.  Los Congueños se dividieron en dos.  Los que estaban a favor del progreso de la zona, de traer inversión extranjera y empleo a la población, y los que preferían conservar el agua y todo el ecosistema.  Hubo muchas riñas callejeras, algunas terminadas en muerte, otras en encarcelamientos, pero nunca más se hizo una marcha o se interrumpió el tráfico para llamar la atención de la opinión pública, pues los pocos intentos acabaron en linchamiento policiales.

El agua potable empezó a estar disponible solamente en los carrotanques de la empresa minera, la cual traía el agua de otras poblaciones y se las vendía a los congueños por una tarifa promedio.  Se volvió normal ver colas interminables de niños con un balde rojo, azul o verde en la mano, soportando el frío o el sol picante de la tarde, y quienes no lleven el dinero suficiente (el precio se incremente unos centavos cada día), no obtiene el precioso líquido.

Las mascotas fueron las primeras en irse hacia la selva a buscar la poca agua que quedaba.  Muchos fueron encontrados muertos por envenenamiento.  Los pobladores hablan de ráfagas de viento seco que quema la piel y hace que los niños tosan toda la noche.  La mayoría de los maestros han perdido la voz y la gente apenas se salida con una inclinación de cabeza.  Abrir la boca en el pueblo no solo puede ser sinónimo de linchamiento, sino también de laringitis.

Hubo una migración masiva.  Incluso algunos empleados decidieron enviar a sus familias lejos, pues, sus hijos necesitaban de atención médica inmediata.  Fue en ese momento que aparecieron los osos y se tomaron de sorpresa la mina.

Las autoridades creen sin embargo que la misma población se encargó de contactar a este grupo de mercenarios, las cuales solían pertenecer a las FARC (“a qué si no”, respondió un oficial cuando se le consultó por esta afirmación).  Los Ucumaris ocuparon la mina durante tres días, cuando llegaron las autoridades sanitarias y les dispararon dardos tranquilizantes.  Algunos fueron capturados y llevados al zoológico de Pereira, aunque las leyes internacionales impiden el cautiverio de estos animales por encontrarse en vías de extinción.

Pero lo que más preocupa a las autoridades no es esto, sino que una vez pudieron entrar al campamento encontraron algo sorprendente, que ni siqueira los más optimistas evolucionistas han podido creer: había un computador con correos recientes de Raúl Reyes, Manuel Marulanda y Alfonso Cano.  Incluso encontraron un video donde Jorge Robledo les explica cómo llevar a cabo el plan de secuestro de la mina.  “No hemos acabado de terminar con esta guerra”, dijo el prexistente de la repúdrica, “y ya vemos surgir nuestro siguiente enemigo.  Afortunadamente, tenemos el mejor ejército del mundo, el que ha aguantado una guerra de guerrillas de más de cuarenta años y ha triunfado sobre todos sus enemigos”.

Hoy mismo, y a pesar de las protestas de los defensores de animales y de paz animal en todas las ciudades más importantes del mundo, los Ucumaris jefes del movimiento –y solo esos Ucumaris desobedientes – fueron declarados objetivos militares.