Las autoridades están cada vez más preocupadas por el presunto
resurgimiento de las FARC, quienes parecen haber infiltrado a los Ucumaris.
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recisamente ahora que el país
sueña con una paz venidera y duradera, aparece en el escenario otro actor, que podría convertirse en un nuevo archienemigo: se trata de los osos de
anteojos. Por mucho tiempo relegados y marginados
a una protección internacional, los Ucumaris, como se llaman en lengua
originaria o quechua, parecen haber cedido a los envalentonamientos de los ya
casi extintos grupos guerrilleros. Los
dos grupos han sido perseguidos y cazados por mucho tiempo y ahora parece que
aúnan sus fuerzas para dar sus últimas patadas de ahogados. Los guerrilleros porque perdieron la fe del
pueblo y los Ucumaris porque el progreso los acorrala cada vez más.
El martes pasado, un
contingente de osos de anteojos antisociales ingresó en horas de la madrugada
al campamento minero que hace poco abrió la Fango Golf Achante (empresa minera
sudafricana) en el parque de los nevados, causando pérdidas por más de 800
millones de pesos. Los osos, además, no
contentos con los destrozos, ocuparon el campamento, y causaron la muerte de
cinco oficiales del ejército y cuatro empleados. Las autoridades sanitarias acudieron con dardos
tranquilizadores y lograron dispersar a los úrsidos, pero el proceso minero
estará interrumpido al menos diez días.
El gobierno nacional y el
congreso ya preparan un decreto para el reembolso de todo este dinero y la
indemnización a las víctimas. Según un
portavoz del gobierno, que pidió el anonimato, este dinero saldrá de nuestros
bolsillos, como es natural, para que la “multinacional no se vaya a otros país
a explotar allá lo que aquí puede explotar tranquilamente”, y agradeció la
paciencia de sus administradores. “Para
nosotros”, agregó el portavoz, “es una prioridad absoluta capturar tanto a los
perpetradores como a los instigadores de estos actos terroristas. No podemos dejar que estos osos bandidos le
den mal ejemplo a las generaciones venideras”.
A pesar de estas
declaraciones, muchos habitantes de El Congo, población adyacente a la mina y
donde son la mayoría de los empleados, vive hoy una verdadera lucha. Se han formado dos bandos que una noche sí
otra no causan disturbios en el pequeño poblado, y se está volviendo uno de los
lugares más violentos del país.
Todo comenzó al parecer el mes
pasado, cuando el gobierno nacional ratificó la explotación de oro a cielo
abierto en el parque de los nevados, cerca de la población de Congo. Por ese entonces hubo enfrentamientos con
civiles encapuchados y desencapuchados, quienes paralizaron el tránsito durante
tres días, pidiendo que se frenara el proyecto, pero ni siquiera este diario
los escuchó, sino que antes fueron dispersados razonablemente por las
autoridades. Los jefes violentos que
instigaron el levantamiento contra el orden fueron neutralizados y los que no,
puestos a disposición de la fiscalía.
Las autoridades informaron que
se trataba de una disidencia guerrillera, y la opinión pública repudió los
actos violentos. El área fue para-militarizada,
y las máquinas de excavación hicieron su arribo a la zona, custodiadas por
varios batallones del Ejército Nacional.
Incluso hubo sobre vuelos del avión fantasma y helicópteros de la
policía merodeando todas las noches.
Un ambiente de miedo se
apoderó de la población. Sin embargo, algunos
congueños provocadores pusieron consignas en la entrada de sus casas: “no
comemos oro, tomamos agua” era una de ellas.
Y es que la explotación de esta mina implica drenar varios manantes y
contaminar con mercurio muchos otros.
Los Congueños se dividieron en dos.
Los que estaban a favor del progreso de la zona, de traer inversión
extranjera y empleo a la población, y los que preferían conservar el agua y
todo el ecosistema. Hubo muchas riñas
callejeras, algunas terminadas en muerte, otras en encarcelamientos, pero nunca
más se hizo una marcha o se interrumpió el tráfico para llamar la atención de
la opinión pública, pues los pocos intentos acabaron en linchamiento
policiales.
El agua potable empezó a estar
disponible solamente en los carrotanques de la empresa minera, la cual traía el
agua de otras poblaciones y se las vendía a los congueños por una tarifa
promedio. Se volvió normal ver colas
interminables de niños con un balde rojo, azul o verde en la mano, soportando
el frío o el sol picante de la tarde, y quienes no lleven el dinero suficiente
(el precio se incremente unos centavos cada día), no obtiene el precioso
líquido.
Las mascotas fueron las
primeras en irse hacia la selva a buscar la poca agua que quedaba. Muchos fueron encontrados muertos por
envenenamiento. Los pobladores hablan de
ráfagas de viento seco que quema la piel y hace que los niños tosan toda la
noche. La mayoría de los maestros han
perdido la voz y la gente apenas se salida con una inclinación de cabeza. Abrir la boca en el pueblo no solo puede ser
sinónimo de linchamiento, sino también de laringitis.
Hubo una migración
masiva. Incluso algunos empleados
decidieron enviar a sus familias lejos, pues, sus hijos necesitaban de atención
médica inmediata. Fue en ese momento que
aparecieron los osos y se tomaron de sorpresa la mina.
Las autoridades creen sin
embargo que la misma población se encargó de contactar a este grupo de
mercenarios, las cuales solían pertenecer a las FARC (“a qué si no”, respondió
un oficial cuando se le consultó por esta afirmación). Los Ucumaris ocuparon la mina durante tres
días, cuando llegaron las autoridades sanitarias y les dispararon dardos
tranquilizantes. Algunos fueron
capturados y llevados al zoológico de Pereira, aunque las leyes internacionales
impiden el cautiverio de estos animales por encontrarse en vías de extinción.
Pero lo que más preocupa a las
autoridades no es esto, sino que una vez pudieron entrar al campamento
encontraron algo sorprendente, que ni siqueira los más optimistas
evolucionistas han podido creer: había un computador con correos recientes de
Raúl Reyes, Manuel Marulanda y Alfonso Cano.
Incluso encontraron un video donde Jorge Robledo les explica cómo llevar
a cabo el plan de secuestro de la mina.
“No hemos acabado de terminar con esta guerra”, dijo el prexistente de
la repúdrica, “y ya vemos surgir nuestro siguiente enemigo. Afortunadamente, tenemos el mejor ejército
del mundo, el que ha aguantado una guerra de guerrillas de más de cuarenta años
y ha triunfado sobre todos sus enemigos”.
Hoy mismo, y a pesar de las
protestas de los defensores de animales y de paz animal en todas las ciudades
más importantes del mundo, los Ucumaris jefes del movimiento –y solo esos
Ucumaris desobedientes – fueron declarados objetivos militares.

2 comentarios:
Es triste lo que pasa en nuestra sociedad y en este mundo, hay que acabar esta raza
Que se levanten en osos que unen su voz que hagan al mundo escuchar...
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