domingo 1 de julio de 2007

REFERENCIA A LOS ASPECTOS INMANENTES DEL NEOCLASICISMO EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA DE FINALES DEL SIGLO XVIII Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX


Las reflexiones que vienen a continuación parten de las ideas que sobre lo neoclásico nos han aportado Hegel y Schiller, entendiendo su búsqueda por la perfección del ideal moral del hombre, en la preponderancia del ennoblecimiento del carácter humano, planteado en el seno de una educación para un estado y una sociedad verdaderamente racionales. Igualmente la presencia de la dualidad entre la grandeza y el sugestivo reposo que predomina en las formas de la pintura, la arquitectura y las letras del neoclasicismo será rastreado de forma general en las expresiones sobresalientes de las letras latinoamericanas y su innegable herencia de la cultura española.

La fuerte hegemonía monárquica en Europa era aún fuerte en las postrimerías del siglo XVIII y se extendió hasta el siglo XIX, e influyó en la tendencia neoclásica en la arquitectura, la escultura y en la pintura, que recogían el estilo oficialista, tendiente a imprimir la importancia de la supremacía del estado y sus nobles ideales, en la sensación de grandeza y perdurabilidad que imprimían en las personas. Tal es el caso del Congreso de los Diputados (sede del Palacio de las Cortes Españolas) [1843-1850] del arquitecto Narciso Pascual, donde se ve el estilo oficialista de los borbones; y en el que se muestra una fuerte presencia de las formas del arte y la arquitectura clásicas, como una manera de imprimir los ideales de perfección y totalidad en la sociedad.

La España que colonizaba a América durante los siglos XVI, XVII Y XVIII es sobre todo, una España de contraste. Su política con respecto al nuevo continente resulta una ambigua relación entre inquisición e Ilustración. Durante dos siglos se había cerrado a los cambios socio económicos dominantes en el resto de Europa a partir de la contra reforma; sin embargo, se destaca el siglo de Oro, como fue llamado por Lope de Vega, donde se establecieron avances estéticos, económicos, sociales y científicos. En cuanto a la literatura se crean géneros como el celestinesco (Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas, Segunda Celestina de Feliciano de Silva, etc.), la novela picaresca (Lazarillo de Tormes anónimo, Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, Estebanillo González), o la proteica novela polifónica moderna (Don Quijote de la Mancha), que Cervantes definió como «escritura desatada». Ya para el siglo XVII España se preocupa por mantener estrecha relación con el avance científico de otros países del viejo mundo y desarrolló en las universidades españolas importantes adelantos investigativos como los ofrecidos por Jorge Juan (1713-1773) en las matemáticas, quien además participó en una expedición naturalista en América. Igualmente destacan químicos como el murciano Diego Mateo Zapata, quien está convencido de la importancia de la química en la aplicación de la medicina escribiendo la Crisis médica sobre el antimonio[1] (1701), que deja clara la partida de la entrada de esta ciencia en la farmacopea. Abanderada de la inquisición y con un sistema económico basado en relaciones comerciales antiguas de colonización y dependiente en gran parte del oro americano, España no presentaba el espacio donde se desarrolla el sistema económico industrializado y en camino al modo de producción capitalista. Es dominante el poder ideológico que ejerce la iglesia y que a su vez se traslada a América en un ambiente de prohibición que busca cerrar la entrada de las tendencias generadas en la revolución francesa y la inminente industrialización de otros países europeos.

Hasta el siglo XVIII las colonias españolas tenían prohibida la lectura de textos de ficción para evitar la crítica social, el fomento de la imaginación y el pensamiento. Sin embargo, tímidamente se escriben periódicos que se transforman en escalones desde donde asoman los repuntes de la libertad. Criollos ilustrados viajan a Europa y se educan en las tendencias de la razón, el humanismo y las ideas liberales que gestaron las luchas contra la tiranía. Entonces, Europa era la madre de las ideas americanas.

Las grandes ciudades del nuevo mundo, al morir el siglo XVIII, han crecido sobre las ruinas de antiguos imperios indígenas. Han levantado las catedrales de la evangelización en los hombros de negros y nativos, en un proceso en el que la influencia cultural de España sobrepone a la policroma realidad del pueblo criollo y mestizo. De aquí se desprende la posición euro centrista[2] de quienes habitan las tierras colonizadas. Lo nativo se desprecia y lo popular es supuesto de mal gusto y fealdad.

Sin embargo, predomina una ideología mestiza, tímida ante la avasallante cultura europea, que a cuentagotas se filtra entre el régimen implantado por la inquisición y la suma de prohibiciones que amparaban al nuevo mundo del satánico progreso de la Cultura Occidental Moderna. En el nuevo mundo lo indígena y lo negro moldea lo europeo y viceversa, constituyéndose como una forma cultural que rápidamente toma una identidad compleja y acomplejada, llena de mixturas y significados plurales que nos ha acompañado hasta el presente.

Siglos antes el idioma traído por los españoles es enriquecido con palabras misteriosas y estructuras léxicas distintas, casi impronunciables en la forma fonética de los andaluces. Los sacerdotes estudian las lenguas nativas y adaptan los textos orales y códices para abordar la empresa evangelizadora. Los nativos aprenden el latín y los negros tocan guitarras a las que acompañan con sus cantos nacidos en las tierras de África. Al finalizar el siglo XVIII, españoles y criollos ilustrados han desarrollado importantes investigaciones sobre territorio americano. La mirada científica se vuelca sobre la fauna, los montes y el relieve poderoso de América. Ya para el siglo XIX, el nuevo reino cuenta con el primer estudio de la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, escrita por Andrés Bello en 1847.

En los últimos años del siglo XVIII, existe entre los criollos dos tendencias literarias que han tomado sus referentes de Europa: Una, apegada a la tradición y al estilo neoclasicista, cuyos rasgos fundamentales son el predominio de la razón y el equilibrio sostenido en las formas, que genera una literatura que busca la armonía ordenada y lógica, bajo formas predeterminadas o epigonales, como el uso del endecasílabo, el epigrama y la famosa Silva; que alcanza los primeros años del siglo XIX, dotada además de temas irónicos, didácticos, éticos o morales y que llega a convertirse en vía de expresión de los pueblos americanos con deseos de emancipación.

Otra tendencia resultante es la que nace del periodismo y que nutre como temáticas la didáctica, la moral, la libertad. Algunos periódicos toman la bandera independentistas de los criollos y se difunde a través de ellos la idea de liberar América de los virreyes, sacar a los españoles, mas no su influencia cultural. Escritores como Fernández de Lizardi, que han fundado periódicos desde donde enfrentan a la corona, toman la dedición de luchar contra su enemigo a través de las formas de la ficción. Es así como escribe la que es considerada en los estudios escolares como la primera novela publicada en América. Lizardi copia el esquema de la tradición picaresca en España para construir su personaje como un punto de crítica a los desmanes del imperio que ha colonizado territorio americano. Sobre este panorama literario, el investigador Isaías Peña Gutiérrez, dice: “para el criollo y el mestizo la independencia era de carácter exclusivamente político y administrativo, no cultural”[3]


Pedro Henríquez Ureña[4] describe la escuela neoclásica en Latinoamérica, como una estética dotada de gran lentitud, de temas teológicos, centrada en la traducción de múltiples textos clásicos; hay referencias de paisajismo, de costumbres, juegos, acercamiento a lo indígena, como en un intento de lograr la totalidad del mundo americano.

Con el poema la victoria de Junín. Canto a Bolívar, del escritor ecuatoriano José Joaquín De Olmedo podemos observar algunos rasgos característicos de la poesía escrita en el neoclásico:


CANTO
El trueno horrendo que en fragor revienta
Y sordo retumbo se dilata
Por la inflamada esfera,
Al Dios anuncia que en el cielo impera.

Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta
La hispana muchedumbre
Que más feroz que nunca amenazaba
A sangre y fuego eterna servidumbre:
Y el canto de victoria
Que en ecos mil discurre ensordeciendo
El hondo valle y enriscada cumbre,
Proclaman a Bolívar en la tierra
Arbitro de la paz y de la guerra

Predominan en este poema, que continúa con más de 900 versos, la alusión al imperio Inca, reconstruido por Bolívar; los endecasílabos como confirmación de una métrica tradicional, de rima intercalada y consonante, que busca la armonía y la musicalidad. Andrés Bello cultivaría también éste tipo de versos al que se le conoce como Silva y que consiste en la escritura de endecasílabos, endecasílabos y heptasílabos u octosílabos, dispuestos de forma arbitraria de acuerdo a la rima deseada por el poeta. Así mismo, aparece en el poema de Olmedo la presencia de Bolívar, como héroe latinoamericano quien derrota a los españoles en la importante batalla de Junín. La forma clásica con la proclama de independencia. El gran héroe dibujado con visos que se acercan al romanticismo.

Por otro lado, si bien la impresión de periódicos era incipiente, debido a la prohibición real en cuanto a impedir que los contenidos liberales pudieran envenenar los espíritus criollos o mestizos, vio la luz El pensador mexicano en 1812, fundado por José Joaquín Fernández de Lizardi. Desde ahí proclamó los ideales de la independencia de México. Pero es en la novela donde adquiere los logros del documento social como referente de crítica al mundo colonial. Lizardi acude al referente español de la picaresca, de moda en España hacia el siglo XVI, y que nos remite a títulos como el anónimo Lazarillo de Tormes, de autor anónimo; o el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán. Lizardi copia el estilo formal del género: El relato en primera persona, a manera de confesión, titulado cada capítulo a manera de síntesis, un pícaro que recorre el mundo con distintos amos y una inclinada referencia moral.

Lizardi adiciona a un criollo de clase media, con cierto linaje, no muy pobre, que deja a sus hijos los manuscritos que componen la degradante historia de su vida. En ellos, dejados con antelación al Humanista, y a través de un proceso de purga, Pedro Sarniento hace, en gran escala, profundas reflexiones sobre la importancia de las ciencias exactas, la ética, crítica a los estamentos de poder que rigen la sociedad colonial como los curas, los médicos, los distintos oficios, los maestros, la estupidez de aferrarse a linajes inútiles y una guerra frontal a la ilustración vacía de la que no saque ningún provecho la razón de los hombres. Si bien critica estos elementos de poder, manifiesta una especie de didáctica del buen oficio. El periquillo ha aprendido referencias latinas y griegas que llegan su mente para acentuar las críticas que a través de él hace Lizardi, del entorno colonial y la herencia española. Sin embargo, es dominante el desprecio constante hacia lo popular, el habla de la gente común y sus creencias como si diera cuenta de que toda consecuencia de la mezcla de culturas que constituye su época fuera sinónimo de lo bajo y lo horrendo.

Las raíces de la estética neoclásica la debemos rastrear desde la herencia ambivalente de España: Forma e Ironía. El soneto y la picaresca. Debemos observar la importante dualidad como es transmitida hasta nosotros tal herencia, nos permite determinar muchos de los matices que configuran nuestra cultura, como una fuente que surge de la prohibición y la majestuosidad del agresivo continente, aunado al misticismo y a la inagotable creencia popular que configura tal sincretismo en nosotros.

La presencia del neoclásico se nos muestra como una copia mal acabada. Resuena en los himnos republicanos, en las odas alegóricas a presidentes y dictadores. Retumba en las cartas de amor con un sonsonete cursi y romanticón. Posa inútil en las plazas principales. Llega al siglo XX y se instala en las columnas que adornan los exteriores de las casas de los traficantes y decora con burdas imitaciones de mármol las fuentes de moteles y lenocinios. Reposa soberbio en las tumbas de dignatarios, junto a los complejos mausoleos sicariales, que imitan los templos románicos. En gran escala, el neoclásico es parte de nuestra superficialidad, un tono componente de la argamasa cultural que nos define en el presente.




[1] Texto que particularmente defiende el uso de un elemento medicinal de uso frecuente, que hoy es usado como componente para endurecer la pintura. Se percibe una tendencia empirista y muy relacionada a la alquimia.
[2] En el sentido planteado por la profesora Juliane Bámbula Diaz en su texto Lo estético en la dinámica de las culturas.
[3] Peña Gutiérrez, Isaías, Manual de la literatura latinoamericana. Bogotá, Educar editores. 1990.
[4] En su texto Las corrientes literarias en la América Hispánica.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola como estas! me gusta leer tus articulos sobre todo porque son interesantes y ademas me encanta tu estilo.

No pares...!

Luz Adriana dijo...

Hola mi vida, leo tus publicaciones y son buenisimas, ademas tienes un gran estilo para escribir y redactar.

TE FELICITO!

Besos, Te amo